Messi, el manejo de las presiones en el fútbol y la democratización de la pelota


Marcelo Roffé, en su consultorio de Buenos Aires.

Marcelo Roffé, en su consultorio de Buenos Aires.

El Licenciado Marcelo Roffé es psicólogo deportólogo. Trabajó con los seleccionados juveniles argentinos y la selección argentina absoluta durante la etapa de José Pekerman como seleccionador, y tiene una amplia experiencia en el fútbol.

El interés que persigue la entrevista que le hice es ahondar en la psiquis del deportista de élite. Profundizar en su relación con el entrenador, las presiones, las lesiones y el entorno. 

En el diálogo surgieron los nombres de Lionel Andrés Messi y Diego Armando Maradona. El concepto “la democratización de la pelota”. Y más. Mucho más…

- ¿Cuál es o son las razones para que los ciclos deportivos exitosos sean más cortos ahora que hace años?

Primero deberíamos definir qué es éxito, porque no siempre ganar es éxito ni perder es fracaso. Pero suponiendo que la pregunta apunta a que éxito es triunfo, una posibilidad podría ser que el desgaste ahora es mucho mayor. Y otra es la relajacion. La clave para evitar que los ciclos se acorten es mantener el hambre tras ganar rapidamente una meta. Algo que han hecho Roger Federer, quien es un ejemplo contrario de ciclo corto porque lleva muchos años al máximo nivel. Boca Juniors, que no hizo tanto recambio y su columna vertebral acumula mucho tiempo dando un muy buen rendimiento en el fútbol local. Y el Barcelona, que se mantuvo cuatro años liderando el fútbol europeo y mundial, ganando 14 títulos.

- A finales de esta última temporada escuché a varios protagonistas hacer alusión al “estrés psicológico”. Jugadores e incluso entrenadores. ¿Cómo se lo puede combatir en los deportes de élite?

Los entrenadores saben sobre psicología intuitiva pero no saben sobre el estudio del estrés de los deportes. José Pekerman es sabio, humilde y asume que no sabe sobre esto. Pero la mayoría de los entrenadores son lo contrario. Son soberbios o creen saberlo todo. Nosotros tenemos métodos para evaluar a los deportistas de élite como estrategias o tecnicas para controlar o manejar el estrés, y hacer que la presión no sea la causa de una merma en el rendimiento. Cuando hablamos de estrés hablamos de que estás más vulnerable ante las lesiones. Lesionarse puede ser un escape situacional frente a situaciones de estrés. Un escape inconsciente como también para afrontar situaciones negativas del partido. No te puede salir todo bien. Te vas a equivocar inevitablemente.

- ¿Al margen de las cualidades técnicas y físicas individuales, el aspecto mental es  lo que provoca el salto de calidad en el futbolista? 

La diferencia entre un buen jugador y un gran jugador es el tiempo que ambos tardan para refocalizar la próxima jugada. Un gran jugador refocaliza rápido en la siguiente jugada después de cometer un error. A veces es peor error no volver con la marca tras dar un mal pase, que haber dado el mal pase. Hay muchos jugadores que siguen pensando que si les salen mal las dos primeras pelotas, harán un mal partido. Uno les hace ver que no es así. Aunque les cueste, tienen que cambiar ese pensamiento porque primero, somos esclavos de lo que pensamos. Si pensás que podés o si pensás que no podés hacer un buen trabajo, tendrás razón. Luego durante un partido el jugador puede tocar entre 40 y 60 pelotas, por lo tanto no puede quedarse con lo que sucedió en los primeros dos contactos. Nosotros trabajamos con todo eso. Los miedos, las presiones, la ansiedad precompetitiva. Los miedos más comunes son “no dar lo que se espera de mí”, “el miedo a fracasar”, “el miedo a equivocarme”.

- ¿Cómo incide el entrenador en estos puntos?

Los entrenadores suelen pensar que el jugador va a rendir más si le remarcan el error, pero no es cierto. De esa manera va a rendir menos. Suelen rendir mejor aquellos jugadores a quienes su entrenador les da tranquilidad y les dice “si te equivocás, quedáte tranquilo. Después del octavo error empezá a preocuparte”. Si lo sacan o le empiezan a hablar al primer error o cuando comete el segundo, le perjudican. El entrenador lo entiende cuando está en frío, pero en el momento de tomar las decisiones le sale la otra teoría porque también está bajo presión. Ahora, el jugador que está estresado toma peores decisiones. Se desmotiva. Se bloquea en la concentración. Le cuesta más integrarse al grupo. Todo es negativo. Entonces, de un potencial del cien por ciento, termina jugando a un cuarenta por ciento.
Cada vez hay más estrés. Las presiones y los miedos no van a desaparecer. Lo que el deportista puede hacer sin embargo es aprender a manejar ambas cosas. Cada vez hay más programas deportivos, más plata, más transmisiones… Más presiones.

“El entrenador cree que si le remarca sus errores al jugador de fútbol, éste rendirá más. Pero eso es mentira”. (Marcelo Roffé)

- Usted conoce a Lionel Messi. ¿Qué particularidades advirtió en la forma que tiene él de preparar y vivir la competencia? ¿Manifestar en tan pocas oportunidades los sentimientos facilita la concentración en los objetivos? ¿Beneficia o perjudica?

Messi es un chico muy introvertido. Lo conocí en 2004 y tuve trato con él hasta 2006. Con la selección juvenil en 2004 hasta el mundial juvenil de Holanda 2005 en el que el fue figura. Y luego en 2006, cuando hice un apoyo externo de asesoramiento en la selección mayor. No puedo revelar nada que esté dentro del secreto profesional. Es buena persona, humilde, trabajador, tiene un nivel de concentración natural altísimo. Siempre estuvo muy bien rodeado. Gana mucha plata por mes pero a él lo que le importa y le interesa es salir a jugar y a competir. Otro jugador, si gana muchísima plata -aunque mucho menos que él en proporción-, piensa en otra cosa y no tiene más ganas de jugar, pero él no. Leo continúa igual. Entonces yo me saco el sombrero ante su padre, su madre, su gente. La forma en que fue criado. Y también me saco el sombrero ante los valores que le transmitieron en La Masia. La democratización de la pelota. Dos toques: “parás y tocás”. Tengo fija una frase que me dijo el coordinador de La Masia un día: “aquí, el que no entiende que el nosotros es más importante que el yo, se lo explicamos. Y si no lo entiende, afuera”. Messi creció en la solidaridad. La humildad. El equipo por encima de todo. Se lo inculcaron a él y a todos. Uno puede pensar “vos no sos argentino porque sos humilde, solidario, modesto”. A nosotros nos ven más emparentados a la figura de Maradona, quien también nos representa obviamente. La verdad es que tener a Messi, que Lionel sea nuestro, es maravilloso. La gente se equivoca, no lo disfruta. El argentino es muy cruel, muy exitista. Para poder salir campeones del mundo como queremos con él, hay que construir un equipo que tenga líderes. En el banco de suplentes, en el equipo, el entrenador… construir un verdadero equipo como hizo el Barcelona. Lo que pasa es que siempre es más difícil en una selección que en un club.

- ¿Se puede cambiar eso?

Creo que el paradigma argentino es el de un salvador. En la política, en todo. Eso va justamente en contra de lo que la selección necesita, de lo que Messi necesita y de lo que le enseñaron. Ahí está la clave. Le cargamos a Lionel 22 años de frustraciones (tomando en cuenta el subcampeonato de Italia 1990). “¡Salvános!”, parece ser el mensaje. No es así. No depende de un jugador solo ganar la copa del mundo. Ha ganado mundiales sub-20, todos los títulos individuales y colectivos que se pueden ganar en el fútbol. Tiempo al tiempo, ¡tiene 24 años!

- ¿En qué consistía su trabajo durante la etapa de José Pekerman como seleccionador juvenil?

Con Pekerman hacíamos un estudio FODA de fortalezas y debilidades de cada jugador a partir de pruebas psicológicas. Una batería de tests en función del puesto que ocupaba en la cancha. Les decíamos “esto hay que mantenerlo, pero tenés que mejorar esto esto. Y en esto, no te tenés que quedar con el error”. Trabajábamos con todos los jugadores. Muchos te pedían que les fotocopies los resultados de la evaluación. “En qué puesto te gustaría jugar -les preguntábamos-; en qué puesto te ves rindiendo mejor”. Siempre facilitando el diálogo. Desde mi lugar actuaba como un puente. Cuando el entrenador le da lugar al psicologo deportivo, el jugador confía. No les gusta que el psicólogo sea ‘buche’ (chivato, indiscreto). Esto que uno hacía no era hacer terapia. Simplemente ponerle palabras a lo que ellos sentían, siempre era un alivio. Después, en el uno a uno unos tienen que mejorar la concentración, la forma de llevar la presión, la toma de decisiones, la ansiedad previa al partido. Siempre está el prejuicio “llegué hasta acá con esto, para qué lo voy a querer”. Pero ellos se dan cuenta de que les puede ser útil y de hecho les es útil.

- Son personas, no máquinas…

Exacto. Son personas de carne y hueso a las que les pasan cosas como a cualquiera. La motivación es un proceso dinámico. Esa frase del hincha “si yo cobrara lo que cobra éste, jugaría mejor o correría más”, es relativa. No es así. Todos los jugadores tienen familia y además cuanto más plata ganan, más problemas tienen. Encima su entorno se va modificando y está la preocupación de no perder el rumbo… Yo ayudaba al cuerpo tecnico. Observaba. Básicamente fui contratado para el mundial sub-20 de 2001 y la demanda fue para mejorar la concentración bajo presión, porque en 1999 Argentina ganó el sudamericano en Mar del Plata, pero no había rendido lo que el cuerpo técnico esperaba. Entonces pensaron que el efecto casa podía generar un efecto contrario al que se pretendía. A eso se le suma que Pekerman había visto que en el Mundial de Qatar 1995 (el primero que ganó Argentina con él como entrenador) sólo un jugador actuaba en primera. Y en 2000 vio que acá un sólo jugador no iba estar jugando en primera. Que iba a haber muchos caciques y pocos indios. Había que manejar el exitismo de la gente. Yo compartía valores y admiraba a aquel cuerpo técnico. A partir de ese logro quedé con la sub-20, sub-17 y sub-15. Había un dirigente que preguntó después de que se ganara el título en 2001 “bueno, ¿el psicologo ya está no?”. A partir de ahí José se la jugó para que hubiera un psicólogo en la selección. Fue una etapa que me cambió la vida. Ocupé un lugar que cuando no se ocupa se ocupa mal. Lo hace el entrenador, el médico, el preparador físico, pero intuitivamente. Hoy tenemos que el club que no tiene un psicólogo deportivo trabajando con sus equipos juveniles está atrasado cien años. Aunque en primera división sigue habiendo resistencia por la formación de los entrenadores y los dirigentes. Faltan líderes.
En 2006 trabajé con la selección desde fuera con Alemania y me ocupé de casos puntuales como el de Abbondanzieri, que lo puedo decir porque él lo hizo público.

“La diferencia entre un gran jugador y un jugador de nivel normal la establece el tiempo en que focalizan en la próxima jugada. Un gran jugador se sobrepone muy rápido a los errores”. (Marcelo Roffé)

- ¿Es cierto que la falta de continuidad y/o confianza en un futbolista o deportista, facilitan el advenimiento de lesiones?

La falta de continuidad te hace más vulnerable. El jugador necesita la confianza del entrenador y si no está fuerte de la cabeza siente que el entrenador no confía en él. Luego, siempre el suplente siente que tiene que jugar. Hay un estrés del titular, pero también un estrés del suplente. Hay que preparar al suplente para que en los dos o diez minutos que le tocan jugar pueda hacer más que el titular en los ochenta minutos que jugó. Entendiendo la suerte como un encuentro entre la preparación y la oportunidad. Está claro que juegan once y hay gente que debe quedarse fuera, aunque hay que hacer que esos que no juegan, vivan el momento y se sientan tan partícipes como los once que lo hacen.
Hay entrenadores que prefieren planteles cortos, pero lo fundamental es tener dos jugadores por puesto del mismo nivel o similar, para que nadie se desgaste y para que la competencia siempre sea alta.

Marcelo Roffé, en su consultorio de Buenos Aires.

Marcelo Roffé, en su consultorio de Buenos Aires.

Marcelo Roffé trabajó también en México. Nos cuenta su experiencia en el fútbol azteca.

Trabajé en el Toluca como asesor externo durante 2007-08 con José Pekerman y Néstor Lorenzo. Estaba también el profe Urtasún. Iba cada dos meses a México. Veía los entrenamientos, me centraba en los casos que tenía que seguir y evaluaba el comportamiento del equipo. Con el tiempo, al fútbol mexicano lo han ido haciendo cada vez más parecido al fútbol argentino en cuanto a presiones y competitividad. No llega, claro, pero hay mucha cobertura mediática”, explica. “Un día me sorprendí. Hubo un jugador que dijo en una entrevista: “extraño los aprietes de las barras bravas cuando perdemos”. Dije “¡nos tapó el agua!”. El tipo añoraba la adrenalina que le provocaba pensar en lo que podía pasar como consecuencia de una derrota”, agrega.
“En México el fútbol es muy competitivo. Cuando trabajé en el Toluca estaba Paulo Silas, gran jugador. Cristante el arquero, el ‘Bombón’ RosadaLa recepción que tuve fue muy buena. Los hinchas son apasionados, pero a la vez son más educados y menos agresivos que los argentinos. Acá hay altos componentes psicopatológicos. La dictadura del resultado, adrenalina, la muerte… todo se transforma en una guerra”, puntualiza.

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Otros links para acceder a mayor información sobre el Licenciado Marcelo Roffé: 1; 2; 3

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