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Thaísa Menezes, la gigante que debió aprender a aceptarse a sí misma


La belleza de Thaísa Daher de Menezes, la crack de la selección brasileña de voleibol femenino.

La belleza de Thaísa Daher de Menezes, la crack de la selección brasileña de voleibol femenino.

El deporte fue la válvula de escape de Thaísa Daher de Menezes (15 de mayo de 1987, Río de Janeiro, Brasil) para dejar atrás una niñez complicada y una adolescencia llena de complejos. No es fácil sortear la crueldad habitual de los niños cuando uno mismo se considera el patito feo de la clase. La burla o las miradas risueñas son aún menos sencillas de esquivar cuando creces 16 centímetros en unos meses a los 12 años. Thaísa se daba cuenta de la falta de aceptación que tenía entre sus compañeros, pero los antecedentes no la alentaban más que para resignarse. Con un bisabuelo de 2,08m, un hermano de 2,01m y su padre de 1,92m, ¿qué podía hacer? Pasó mucho tiempo encerrada en su casa sin querer salir. Le daba vergüenza mostrarse en sociedad. Hasta que un día a mediados de 2000 pasó por el Tijuca Tenis Club de Rio y le gustó lo que vio. Había chicas bastante altas practicando deporte y se vio a sí misma haciendo lo propio.

Buscó por lado del básquet, idóneo para su 1,96m y 75 kilos, pero después de un tiempo optó por dedicarse en cuerpo y alma al voleibol. En 2001 le hicieron sentir muy cómoda en el equipo del Club y sus compañeras siempre querían elegirla por su altura y su facilidad tanto para bloquear como para atacar. La red no le ofrecía los obstáculos insalvables con los que topó en su época escolar. Jugando al voleibol se sentía etérea. Omnipresente, dominante. Las carcajadas y las ‘piadas’ (chistes, en Brasil) eran cosa del pasado. Desde que comenzó a jugarlo, se propuso mejorar constantemente y ganar todo lo que pudiera. Hasta los partidillos de entrenamiento. Su facilidad para haberse adaptado de forma natural al deporte y su carácter ganador forjaron una jugadora total. Desequilibrante. Completa.

Thaísa, rematando frente a la China Xu Yunli, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Thaísa, rematando frente a la China Xu Yunli, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Once años después de haber comenzado su carrera, su currículum refleja un paso triunfal por los clubes Tijuca-Tenís Brasil (2001-2002), Minas Brasil (2002-2005), Rexona-Ades Rio de Janeiro Brasil (2005-2008) y Sollys-Nestlé Osasco Brasil (2008 hasta la actualidad). Campeona olímpica en Beijing 2008, espera repetir en Londres 2012 después de haber vencido con sus compañeras en los cuartos de final a Rusia, la bestia negra de la ‘seleçao’. El partido, que se cerró con un 3-2 vibrante, sirvió de venganza a las dos finales del Campeonato Mundial que Rusia le había ganado a Brasil en 2010 y 2006, así como la semifinal de Atenas 2004, en la que después de tener siete match points, las garotas acabaron claudicando frente a las torres rojas.

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Sólo una deuda le quedaba, que saldó en 2010. Aceptada y admirada por el mundo del deporte, sus compañeras, rivales y la crítica, a Thaísa le faltaba congraciarse consigo misma. Siempre le incomodó tener “senos pequeños” y “una nariz ganchuda”, así que decidió someterse a dos cirugías plásticas para levantar su autoestima. Un implante de 450 mililitros de silicona le dio los pechos que siempre había querido tener. Una rinoplastia solucionó la estética de su nariz.

“Yo era un palo. Cuando una se siente mal, tiene que centrarse en sí misma para que eso deje de suceder. No hay nada mejor que sentirse bonita y feliz. Yo siempre odié mi nariz, que tenía como característica por ser descendiente de libaneses, por eso me la quise operar. Entonces aproveché y me hice dos cirugías en una sola operación”, reveló en una entrevista concedida a mediados de 2010. Necesitó cuatro semanas para recuperarse de sus cirugías, para las que contó con el beneplácito del seleccionador Zé Roberto. “Yo estoy acostumbrado a lidiar con mujeres porque tengo a mi señora y mis hijas y sé que la situación estética es muy importante para una mujer. Si a Thaísa una operación le iba a mejorar la autoestima, era válida. No vi un problema en ello. Es más, la apoyé y creo que nos aporta más fuerza todavía”.

Thaísa, la gigante carioca cuyo “perfeccionismo” y belleza nos deleita en los 18mx9m, aprendió a aceptarse a sí misma. Su frase favorita es “el hombre no consigue su independencia con actitudes radicales o inesperadas, sino con la coherencia con la que dirige su vida”. Ella logró independizarse de sus complejos de esa manera.

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5 pensamientos en “Thaísa Menezes, la gigante que debió aprender a aceptarse a sí misma

  1. Quiero felicitarla por su buen juego y belleza, no me perdí un partido de Brasil en Londres 2012, da gusto verle jugar definitivamente es clave en su equipo

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